| EL CONDUCTOR QUE ARRANCÓ
A FINES DE LOS '60 CON "RAPIDÍSIMO" EN RIVADAVIA
Y HOY ESTÁ AL FRENTE DE "UNA VUELTA NACIONAL",
CUENTA CÓMO EL MEDIO LE PERMITIÓ SOBRELLEVAR
LA REALIDAD. Y HABLA DE UN ESTILO QUE HIZO ESCUELA.
Los otros conductores de radio lo nombran como referente.
¡Están fumando mal! (risas)
¿Pero reconoce que hizo escuela?
Mirá, la memoria a veces es muy generosa. "«íbamos
a la escuela —me dicen— y te escuchábamos".
Hay un recuerdo cálido para la mamá o la abuela
y se idealiza el tipo que acompañaba ese caminito a
la escuela. Yo vine a ligar de rebote ese recuerdo entrañable.
Eso es lo que ellos pueden considerar como referente, pero
todos los tipos que han tenido éxito sustancial lo
han tenido porque son creativos. Lo que pasa es que no tenían
otra cosa. Pobres.
¿Falsa modestia? Así se presenta ante Clarín
Héctor Larrea, nacido en Bragado el 30 de octubre de
1938, 67 años, más de treinta en el aire con
Rapidísimo, la mayoría del tiempo en las mañanas
de Radio Rivadavia, y ahora en Una vuelta nacional, de 14
a 17 por Radio Nacional, con los hermanos Alejandro y Adrián
Korol, Romina Calderaro y Néstor Restivo.
Desde la cabecera de una larga mesa en una sala de la radio
en la que desembarcó hace dos años, se dispone
a hablar en serio: "Lo único que tengo como referencia
de este delirio es algo que me dijo Ari Paluch. Que yo había
dicho, en una nota, lo que aplicaba al programa: que todo
tenía que ser rapidísimo y breve. Porque si
a la gente no le gustaba lo que estaba en el aire, sabía
que era corto y que enseguida venía otra cosa que le
podía gustar. Algo que se calificó como 'radio
vértigo', y es probable que para la época lo
haya sido, arrancando en el '69. Dándole prevalencia
al humor, la música, y mucha ficción. Eso tenía
que ver con el por qué estar en el aire, y por qué
yo quería meterme en eso. Es una larga historia...
Por otra parte, es lo único que he hecho en radio,
y que tuvo su 'década de gloria' en los '80".
¿Cuál es esa larga historia?
De este asunto es la primera vez que voy a hablar porque es
muy íntimo, es muy personal. Y es la única cosa
íntima y personal que voy a decir, si vos me permitís.
La radio me atraía mucho porque inventaba realidades,
mundos diferentes. Como para mí la realidad era, y
es en gran medida, insoportable, yo escuchaba la radio. Tendría
cinco años y mi entretenimiento era estar un ratito
en cada radio. Esa magia no la podía entender. Y ponía
onda corta y entraban tipos hablando en otro idioma. En la
radio, lo que vos imaginás, lo podés tener.
En la medida que tengas —después me di cuenta—
las bases profesionales para hacerlo. A partir de un guión
— lo que Mario Pergolini llamaba "los pasos de
comedia de Rapidísimo"— podías lograr
un mundo de ficción, como el que lográbamos
con Don Verídico, el personaje de Luis Landriscina,
sobre libro del uruguayo Julio César Castro. O los
libretos de Mario Sánchez, que llegó a tener
70 personajes. O Porcel, que hacía un mozo. Y más
cerca, entre el 80 y el 96, el Doctor Pueyrredón Arenales,
un personaje de la high society que se reía de los
poderosos muy sutilmente. Eso y la música eran los
dos elementos fundamentales del programa. Yo nunca fui periodista
ni sé nada, entonces trabajamos con gente que sabía
el oficio. Tuvimos un imitador con el que pudimos sortear
toda la época difícil de la dictadura buscando
muy sutilmente cosas que parecieran inocentes. Los autores,
yo no. Ellos tenían la habilidad. Y otra cosa que a
mí me gustó siempre es tener un equipo de gente.
Ahora, a la distancia, ¿qué puede decir de su
ida de Rivadavia?
Rapidísimo empezó en el 67 en El Mundo, fue
dos años a Continental, después a Rivadavia,
donde estuvo hasta el 2000. Se me había hecho duro
trabajar en una radio regida por el marketing. Querían
que toda la mañana fuera periodística y yo no
se los podía dar.
El periodismo lo fue corriendo.
Pareciera. Entonces, me dijeron ¿no querés la
tarde? Yo tuve una experiencia en la tarde, cuando fui a Rivadavia.
Y me sentía muy bien porque era un ritmo un poco más
quieto y me daba la oportunidad de llevar artistas en vivo.
¿Le gustaría hacer un programa sólo musical?
No creo. Porque yo necesito el desparpajo de una patota trabajando
con humor. Soy muy amigo de mis compañeros. Y la pasamos
bien. Sigue siendo la radio un lugar donde la realidad la
inventás vos. Cualquiera puede decir: ¿pero
este tipo vive al margen de la vida? Un poco sí. Después
soy un padre y abuelo común y corriente.
El padre y abuelo "común y corriente" tiene
dos hijas con su mujer, Ely (de "casi" toda la vida:
antes estuvo Leonor Ferrara, a quien conoció cuando
estudiaba locución en el Iser, se casó a los
24 y se separó siete años después). La
mayor, María Florencia (34) tiene un bebé de
10 meses, Juan Ignacio. La menor, María Laura (31)
tiene a Nicolás, de 19 meses, y vive en Noruega con
su marido ("Los sienta a los papás y hace todas
las gracias que aprendió para que lo aplaudan. En definitiva,
creo que es lo que hacemos todos. Hacemos muchas cosas para
que nos quieran. Tal vez yo también", reflexiona
el abuelo Larrea).
¿Por qué insiste tanto en lo que le costó
la realidad?
Yo tuve una realidad de miércoles porque mi padre murió
cuando tenía nueve años, de una espantosa hemiplejia.
Y en mi casa se vino una ola de desolación terrible.
Yo no había visto sonreír a mi madre en tres
meses ni una vez. Entonces le dije: "Mamá, ¿podemos
prender la radio? Ya hace más de tres meses que murió
papá". Entonces sintoniza radio El Mundo y había
una audición con extraordinarios actores cómicos,
que auspiciaba Olavina, un aceite. De pronto, me doy vuelta
y mi mamá estaba riendo. Entonces yo dije —debo
haber dicho... yo sé que me puse muy contento, pero
debo de haber razonado—: "Ah, ven que esto hace
milagros. Es como yo digo, yo quiero estar ahí porque
ahí voy a poder fabricar cosas". Pensamos lo mismo
con mi productor, Jorge Marchetti, también guionista,
y está para ordenarme un poco las cosas. El aire yo
lo manejo. Ahí soy una persona segura, sin miedos.
Los viernes, Marchetti, cuando nos vamos, me dice: 'Bueno,
ahora viene la realidad real'.
Prefiere la radio a la televisión.
Sí, sí, porque la televisión permitía
crear poco. A mí me revolearon y caí en la televisión
(Norteamérica canta). Y trabajé ocho años
seguidos de entrada. Porque no se podía parar en el
Canal 13.
Arrancó en el 13 antes de hacer radio.
Es más, yo pude hacer radio porque era conocido en
televisión. En dos años fue impresionante la
popularidad que tuve. Eso crea un poder. Entonces ya sos diferente,
no sos el mismo tipo que había ido con una propuesta
dos años antes. Ese no tenía ningún valor.
Al tipo que veían en El mundo del Espectáculo
o Humor redondo..., lo veían diferente. ¿Cuál
es la diferencia? Que te resulta muy difícil ir de
compras porque todo el mundo se acerca, todo el mundo sabe
cómo te llamás. Después se van acordando
de vos, pero el otro día yo escuchaba cómo,
en un bazar, tres chicos estaban tratando de averiguar cómo
me llamaba. Me conocían pero era medio remoto. Cuando
me fui de la televisión, me sentí muy relajado
por no tener que maquillarme. Y engordé (risas).
La realidad, esa que le costó y le cuesta tanto, no
sólo hizo que Larrea perdiera de chico a su padre.
A su hermano diez años mayor qué él lo
mataron en setiembre de 1973, a los 47, cuando manejaba una
agencia de seguridad. "Afectó intereses medio
jorobados y lo liquidaron", dice. Tampoco la salud lo
acompaña: a su hipertensión se sumaron unos
pólipos en el colon que lo obligaron a operarse y hacer
quimioterapia, a lo que se negó en la última
oportunidad ("no conozco a nadie que se haya salvado
por la quimioterapia", asegura convencido). También
su mujer, Ely, fue tratada por un cáncer de mamas.
Este año, Larrea fue operado de meniscos y luego tropezó
y se quebró un pie, a lo que se sumó un problema
en un ojo. "Vino mal el inicio del 2006. Eso indica que
voy a terminar bien", dice.
¿La radio le sirvió para curarse de la melancolía?
Yo me siento bien cuando estoy acá, cuando trabajo.
O cuando escucho música en mi casa. La música
cada vez se ha ido metiendo más en mi vida. Me resulta
curativa. Y he ido adquiriendo conocimientos. A mí
empezó a gustarme mucho la música clásica
hará unos treinta años. Como me gusta el jazz.
En mi casa, mi lugar predilecto es la discoteca.
¿Y alguna vez tocó algún instrumento?
Nunca pude. Es una gran frustración. Mi padre y mi
madre me mandaron a estudiar piano y no aprendí nada.
Por eso lo digo, y lo digo al aire: si es cierto que hay otras
vidas, quiero saber dónde se presenta la solicitud,
porque yo quiero ser músico en la otra vida.
¿Escucha radio?
Sí, Mitre tiene un hermoso programa, que hacen Carlitos
Ulanovsky, Mariel Dilenarda y Osvaldo Principi (La radio en
blanco y negro). Y los sábados escucho, Lado M (conduce
Mariano del Mazo), una maravilla de buena música. Me
atrae poco la televisión. La radio es una compañía
extraordinaria. Por eso me duermo siempre a las 2 de la mañana,
cuando termina Dolina.
El día que Larrea conoció a Perón
Juan Domingo Perón
"Me lo presentó Guillermo Brizuela Méndez.
En la última presidencia de Perón hubo un acto
en el Obelisco y la Sociedad Argentina de Locutores citó
algunos para anunciar un show. Se decía que iba a ir
Perón. De joven yo había sido muy peronista.
Sobre todo evitista. Nunca me imaginé conocer a Perón,
pero ocurrió que abajo del Obelisco habían armado
un buffet froid para los artistas y los tipos que colaborábamos.
De pronto hay un movimiento, unos tipos que entran, y llega
Perón, lo ve al negro Brizuela Méndez y lo abraza.
''¡Cómo le va, qué dice!'', con mucha
efusividad. ''¿Qué dice General? ¡Qué
pinta tenemos los dos, eh! Le presento al colega, el amigo
Larrea''. ''Ah. El de la mesa redonda del humor''. Enseguida
apareció una persona que dijo: ''Humor Redondo, General''.
''Ah, sí, sí. Me río mucho''. Después
nos invitaron a la quinta de Olivos y también pude
charlar con Perón... a pesar de que soy muy tímido.
¡Pero era Perón! Vos podés ser tímido
pero no estúpido. Una figura histórica de ese
peso, más allá de que se coincida o no con él...".Raúl
Alfonsín
"Era el aniversario de Editorial Atlántida. De
pronto llega Alfonsín con la comitiva. Y yo, no sé
cómo, aparezco por una puerta lateral. Entonces me
ve (yo ya lo conocía de Radio Rivadavia), y me habla
al oído. Todos querían saber qué me había
dicho Alfonsín. Y yo decía: ''Son cosas muy
importantes, no las puedo develar''. El tipo me había
preguntado: ''¿Cómo hace para estar tan flaco?''.
Y le digo: ''Un candado en la boca''. Cuando dejó de
ser presidente, tuvo un programa en Rivadavia, Memorias de
un ex presidente. Yo cada vez que lo veía, le decía:
''Guarda, presidente, el laburo de animador es nuestro''.
''¡Ah, tiene miedo! ¿Vio que le estoy gustando
a la gente? ¡lástima que sea después de
que me echaron!''".
Carlos Menem
"Lo conocí porque ni bien asumió nos invitaron
a desayunar con él a varios comunicadores: estaban
Julito Lagos, Andrés Percivale y otros. Menem era muy
llegador porque le gustaba el tango. Siempre decía:
''Hetítor, pasame Pasional por Pugliese. Personaje
interesante...''"
La opinión sobre los otros conductoresAlejandro Dolina
El primero. "Las generaciones no avisan, las generaciones
vienen. El primero entre las nuevas generaciones fue (Alejandro)
Dolina. Hizo el programa más novedoso desde que comenzó
hasta ahora (Primero Demasiado tarde para lágrimas,
luego La venganza será terrible, en la medianoche de
Continental). Y es una cosa diferente. Inclasificable. Como
son los éxitos que tienen peso específico".
Mario Pergolini
El eslabón perdido. "Después aparecieron
estos tipos de la FM, sobre todo de la Rock & Pop, y supieron
hacer cosas diferentes. Faltaba un eslabón en este
asunto, un nuevo lenguaje que la juventud usaba, pero que
no tenía transmisores en los medios. Entonces aparece
Lalo (Mir), aparece la Negrita (Elizabeth) Vernaci, aparece
Bobby Flores, (Mario) Pergolini, que es importantísimo.
En su programa (Cuál es?, en las mañanas de
Rock & Pop) se nota el trabajo de producción y
el conocimiento del medio. La creatividad no para".
Elizabeth Vernaci
El diferente. "Los renovadores no siempre son muchos.
Y (Roberto) Pettinato tiene el gran mérito de haber
hecho una cosa diferente en radio (El show de la noticia,
por La 100, lidera la primera mañana en FM)".
Roberto Pettinato
Nuevas pautas. "Fernando Peña (El parquímetro,
por la Metro) es una revolución total. La aceptación
de nuevas pautas culturales siempre es muy dura para las sociedades.
Y lo que por ahí te parece un zafado, grosero, lo que
está haciendo el tipo es comunicándote cómo
es la sociedad en la que vivís. Te está haciendo
un favor. Yo por Peña tengo una gran admiración.
El trabajó conmigo un tiempo corto, pero me alcanzó
para conocerlo. ¡Esa versatilidad que tiene! Porque
de Milagritos a cualquiera de los otros personajes hay un
mundo de distancia. Es muy talentoso".
Fernando Peña
El informador. "En cuanto a lo informativo, Ari Paluch
(El exprimidor, por Spika, mañana y tarde) ha traído
algo nuevo, periodístico. Hay una solidez intelectual,
un equilibrio necesario. Tiene un discurso fluido que capta
todo el mundo. El entiende algo que otros no: que la radio
no tiene grises. Es blanco y negro. Todo tenés que
aclararlo, porque si no se interpreta mal".
Ari Paluch
¿Y las mujeres? "La misoginia existe, existió
siempre. Y lo malo es que la mujer lo aceptó. Pero
por ahí salen mujeres que hacen cosas importantes.
A la noche escucho a Graciela Mancuso (Gracias por los recuerdos,
por Del Plata). Ella tiene el apoyo de una voz casi única.
Es una compinche fenomenal".
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